Todos los años al comenzar el frío, extremamos los cuidados de la piel del rostro y del cuerpo, pero abandonamos los labios, dejándolos expuestos a los factores ambientales y sin protección alguna.
La boca es una de las partes del cuerpo que no sólo más miradas recibe, sino que, además constituye una de nuestras más importantes armas de seducción; dientes perfectos, labios carnosos y sensuales son nuestras metas. Somos capaces de someternos a aplicaciones de colágeno, cirugías y demás tratamientos estéticos, para lograr unos labios perfectos pero, sin embargo, los cuidados que recibe la piel de éstos son muy básicos, sI es que los hay. El frío, el viento, el sol excesivo y el ambiente seco son sus peores enemigos.
A diferencia de la piel del resto del cuerpo, la de los labios es excesivamente sensible y frágil, ya que no tiene los mecanismos de defensa que esta posee.
Si queremos una boca perfecta, debemos nutrir e hidratar correctamente nuestros labios, especialmente si hace frío. |
Los labios tienden a desecarse, ya que carecen de glándulas sebáceas y su superficie prácticamente no tiene grasa. También carecen de glándulas sudoríparas, por lo tanto, la saliva constituye su única fuente de humedad, pero si no están debidamente hidratados, mojarlos constantemente con la lengua sólo los irrita.
Los labios poseen una capa córnea delgada y transparente que no puede aumentar de grosor ni formar callosidades, por lo que la piel que los cubre es sumamente delicada.
Los labios carecen de melanina, pigmento que nos protege del sol, por lo que se queman con facilidad.
Por todas estas razones, los labios constituyen una zona delicada de nuestro cuerpo, que puede ser atacada por varios agentes ambientales: el frío, el sol, el viento, incluso el aire acondicionado, que al secar el ambiente resulta un enemigo de nuestros labios.
Cuidar los labios implica también tener especial cuidado con la piel de su contorno, delicada y sensible a los estragos del tiempo y susceptible a envejecer prematuramente. Las fibras de colágeno, que durante nuestra juventud se mantienen paralelas y flexibles, se entrelazan con los años provocando las tan temidas y molestas arrugas alrededor de la boca, que suelen ser más pronunciadas en las personas fumadoras.
Entonces, si queremos una boca perfecta, debemos nutrir e hidratar correctamente nuestros labios, especialmente si hace frío.
Algunos consejos útiles
Para tener los labios sanos y bien cuidados, no olvides:
♦ Protectores solares durante el día, son más fáciles de usar y duran más. ♦ Cremas protectoras con vitaminas para la noche, nutren y regeneran la piel de los labios. ♦ Jamás arranques la piel seca de los labios, podría provocar infecciones. ♦ Para eliminar la piel seca y escamosa, utiliza un cepillo de dientes untado con aceite de almendras y cepíllalos suavemente. ♦ Para estimular la circulación, masajéalos suavemente con agua fría todas las mañanas y realzarás su color rápidamente. ♦ Cuando hace frío, pintarse con cosméticos de buena calidad ayuda a protegerlos, evita que se deshidraten. ♦ Para disminuir o prevenir las arrugas del contorno de labios, podemos usar la misma crema que se utiliza para el contorno de ojos.
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¿Cómo protegerlos?Principalmente usando protectores labiales, que tienen dos objetivos primordiales: defender de los agentes ambientales y mantener una buena proporción de humedad.
El propóleos, que actúa como cicatrizante, regenerador epitelial, antibacteriano y antimicótico, utilizado como preventivo y regenerador de la piel de los labios, agrietada por el frío o que haya sufrido quemaduras.
¿Una buena alimentación protege nuestros labios del frío?Por supuesto, los alimentos son nuestra fuente más importante de vitaminas y antioxidantes, que no sólo previenen del envejecimiento cutáneo, sino también mantienen la piel lozana, regenerándola y protegiéndola de sus enemigos naturales.
¿Qué vitaminas debo ingerir y cómo?Las vitaminas más importantes sin las A, C, E y F.
La vitamina A la encontrarás en las zanahorias, lácteos, huevos, espinaca y berro.
La vitamina C en verduras, frutos secos y especialmente en cítricos.
La vitamina E en alimentos integrales, el germen de trigo, las nueces y aceites vegetales.
Mientras que la vitamina F la encontrarás en los frutos oleaginosos y aceites.